12. Abril. 2013

Ayer me quedé en la calle con las niñas, sin llaves. Afortunadamente mi suegro y mi sobrino vinieron a rescatarnos. Cómo me enfadé conmigo. Se me olvida comprar chicles… la Rubia se va a poner… Pero lo de esta mañana, no tiene nombre.

Me he levantado de buen humor, la Rubia y Croquetilla también. He hecho el desayuno, he dado teta. Visto a la mayor y mientras juega sigo el mismo ritual de siempre:

Cojo a croqueta, mientras le digo monerías limpio el regalo de la mañana que ha llegado hasta los sobacos (nota mental: tengo que apuntar este récord). Cojo un body limpio, se lo pongo y empiezo a pensar el lo bonita que está. Se lo digo. Tiro el pañal sucio, le echo cremita, abrocho el body, le pongo el peto y el abrigo. ¡En marcha!

Me pongo a la pequeña en la mochila y le pongo el abrigo a la mayor. Noto que me falta algo, cojo las llaves. Salimos por la puerta. Vamos jugando por el camino. Sigo con esa sensación, pero más tranquila, tengo las llaves, nada malo puede pasar.

Vera se ríe, de pronto noto mucho calor. Ya sé qué se me olvidaba… dejo a la Rubia en el cole a toda velocidad. Por si no os habéis percatado… entre la cremita y abrochar el body faltaba un paso. ¡El pañal!

Tengo que meter el abrigo en la lavadora. ¡Pero dónde tengo la cabeza!

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