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Los abuelos se han llevado a la mayor. ¿Cómo puedo hacer para tener un ratito de paz? Pitu en mochila y a caminar. Suena “Moves like Jagger”,  de Maroon 5. Me gusta ponerme música bailonga para hacer deporte. Ya noto esa sensación de “me como el mundo” que me inunda cuando hago deporte. La pitufa se ha quedado frita. Este es mi ratito.

Camino rápido y me dirijo por la calle lluviosa hacia una zona por la que solía correr, echo de menos correr, pero esto es una pildorita. Llueve, pero el paraguas nos resguarda. Hay un grupete de adolescentes pelleros en un banco y me miran. Pienso en esa época en la que yo era la reina de las pellas. ¿Dejaré a mis hijas hacer eso?¿Les daré la libertad de cometer errores? Recuerdo el sentimiento de que no perdía el tiempo, sino que lo disfrutaba. Mientras no se refleje en las notas, les daré esa libertad, al fin y al cabo tendrán que equivocarse para acertar.

Un grupete de cuatro abuelas va delante de mí. Madre mía qué gemelacos tienen algunas, sin duda están más en forma de lo que estaban hace unos años. Las adelanto. Ueeee, un pequeño triunfo. ¿Pero cómo puedo competir con unas abuelas? Nena, para lo que has quedado. Suena Rihanna, “Only Girl”. Otro grupo de tres abuelitas, más jóvenes, esbeltas… jolín con las abuelas, están en forma. Es oficial, me he picado. Subo la cuesta, ¡qué rápidas son! Alargo la zancada animando el paso. Se me resisten. Se detienen, una ha pisado una caca de perro y le instan a seguir, se parten de ella. Siguen. Uis, casi. Sigo intentando pasarlas y lo consigo. Me parto por dentro y reproduzco en mi mente “Eye of the Tiger”.

Suena Shakira con Pitbull. Lo sé, soy una hortera. Bailo mientras ando. Con el primer “ratata” no puedo evitar acordarmeme de mis niñas de la “uni”. Sonrío. Hace mucho que no las veo y tengo ganas. Al final entre pitos y flautas llevo sin verlas más de un año, aunque facebook y el ritmo frenético que ha tomado mi vida con las niñas hace que parezca menos tiempo. Me acuerdo de la época de césped, litrillos, conciertos, viajes. De abril no pasa que me tome al menos una caña con ellas. Al final lo de vivir en otra ciudad ha hecho mella.

Sigo andando y pitufa se mueve. Es raro, el porteo ha conseguido que no eche de menos la barrigola, parece que todavía va dentro de mí. Observo a la gente, al pasar se me quedan mirando como si fuese un bicho raro. Lo que más me ha extrañado es que en todo el circuito lo que más abundan son las abuelas, parece que han tomado la “Ruta del colesterol”. Pienso que hay algo en este país que no está bien cuando ver a una mamá joven hacer ejercicio con su bebé es algo raro. En mi ciudad no se estila mucho el porteo. Me da pena, es algo que se disfruta mucho. Poco a poco.

Me sube la leche. Nena no te flipes y a casa. Pongo rumbo a casita. ¡Dios! qué bien me siento. Me gusta mucho el encontrar todavía ratitos para cuidarme y desestresarme. Llego al portal. Bailo frente al espejo de abajo. “Espero que no pase nadie”. Bailo en el ascensor. Soy una payasa. Dejo a la pitu en la hamaca hablando con un zorro y un conejo y hago unos abdominales. Al fin voy encontrando mis ratitos. Se puede, claro que sí.

 

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