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Después de un aborto que me dolió más de lo que yo admitía, nos pusimos manos a la obra en su búsqueda. Lo conseguimos a la quinta. Un test me desvelaba, en la furgoneta de mi mejor amiga, con nuestro nuevo dormitorio detrás, que iba a ser mamá por segunda vez. Estuve en shock cinco minutos, hasta que empecé a chillar de felicidad.

Ella dentro de mí, hizo conmigo el último examen de mi carrera, esa asignatura que se me resistió cinco veces, estudié muerta de sueño, sin café, con el cuerpo revuelto, pero con la convicción de que ella era mi fuerza. Y lo conseguí, convencida de que mi croquetilla me ayudó.

Después del examen pasé el mejor embarazo del mundo y hace tres meses me moría por parir. Pensaba que saldría otra rubia. Tras un parto maravilloso, doloroso y cortito llegó mi morenita de ojos azules. Mi miniyo. Tuve un flechazo. Yo me había preparado para no dormir, para horas de llantos, para morirme de sueño. Pero llegó para enseñarme que existe otra maternidad.

Con ella he tenido tiempo para echarme antiojeras, he tenido ganas de cuidarme, estoy disfrutando de una lactancia maravillosa, con ella el colecho da gusto. Cuando abro los ojos por la mañana miro a mi lado y ahí está mi bolita, mi croquetilla. Me mira con esos ojos azules almendrados, esos ojos que son míos. Es raro, Nora es igual que su padre, así que esa sensación de verte en pequeñito no la he tenido hasta ahora. Es raro y genial.

En solo dos meses puedo decir tantas cosas de ella. Sonríe sin parar, dice ajo desde que tenía 28 días, lo mira todo con esos ojazos abiertos y me hace sentir tan completa, tan feliz. Aunque su hermana está en una etapa un poco difícil, se la ha metido en el bolsillo y, esos días en que yo me quiero dejar las venas largas con la mayor, me mira con esa cara de bebé enamorada, con una sonrisa que le llena toda la cara y se me quitan los males. Tiene superpoderes.

Cada vez es más pelirroja, las pestañas no paran de crecerle enmarcando una mirada siempre sonriente, tiene la naricilla respingona y unos morretes preciosos de los que salen “ajos”, “ejas”, “aaaaaa”, “oooooooo”, “qué” y muchas babotas que marcan territorio de lo que es suyo. Es mi pequeña buda.

Cuando la miro alucino, en reyes estaba dentro de mí y ahora crece sin parar. Y yo, estoy completamente enamorada de mi pequeña.

(10 de abril. 2013)

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