Estoy acostumbrada a que la gente me mire con pena cuando me ven mamá de dos a los veintisiete. La verdad es que yo no lo entiendo. Soy muy feliz, me siento afortunada y no siento que me haya perdido nada. La concepción que se tiene de la maternidad es un poco “en casa con la pata quebrada”, pero yo lo veo desde otro punto de vista.

Mis hijas, (como tus hijos) son futuras ciudadanas, futuras mujeres, futuras trabajadoras o jefas o lo que quiera que lleguen a ser. Ellas son mi aportación para hacer del mundo un lugar mejor. Si hoy me informo y me formo para ser la mejor madre que puedo ser, las apoyo, ayudo a su autoestima a crecer, les lleno la vida de naturaleza a la que respetar, personas a las que querer, experiencias positivas que vivir, dificultades que afrontar a su lado, el día de mañana ellas serán mejores madres y ciudadanas que yo. Imaginad el mundo mejorado por el amor y la educación basada en el respeto. Creo que ser papá o mamá es, sin duda,  el papel más importante que una persona puede tener y hay que ser conscientes de ello.

Ser madre no es solo parir, es ayudar a un ser humano a ser feliz y acompañarle en su camino. Ser madre es el gesto más generoso que puedes hacer y una de las mejores lecciones que puedes aprender en la vida. Duro y gratificante. Pero esto no significa que me olvide de mí, que nos tengamos que dejar de lado hasta que crezcan. Somos el espejo en el que se miran nuestros hijos. Si soy feliz mis hijas serán felices, si lucho por conseguir aquello que quiero, ellas harán lo propio, si respeto a las personas que me rodean ellas sabrán que ese es el modo de tratar a la gente. Si intento cada día ser una mujer realizada, eso es lo que harán ellas, realizarse cada día.

Aunque nuestra vida se ha complicado un poquito y haya que hacer muchos esfuerzos, no creo que sea peor que otras más cómodas. No las puedo llevar a los parques de bolas, pero podemos hacer un tour por todos los parques. No las puedo llevar de restaurantes, pero podemos ir a merendar al campo. No podemos ir a París de vacaciones, pero podemos ir al pueblo. Y somos absolutamente felices con lo que tenemos ahora. Claro que me encantaría poder llevar a mis hijas a Disneyworld algún día, hacer viajes con papi. También me gustaría que cuadrar el presupuesto de la compra de la semana no sea el pan nuestro de cada mes, pero no quiero que ellas lo vean como una preocupación más, sino un desafío, no quiero que piensen que las dificultades nos amargan la vida, sino que nos hace utilizar la imaginación y sacar el lado positivo a todo.

Hay días malos, como en todas las familias, pero si he aprendido algo en estos cuatro últimos años es que tu vida puede cambiar de la noche a la mañana y tú puedes hacer dos cosas: Mirar a quienes tienes a tu lado y dar gracias por la oportunidad de crecer ante las adversidades por ellos y por ti. O auto-compadecerte y quejarte cada día de lo difícil que es tu vida.

Realizate por ellos y por tí. Cumple tus sueños. Levántate con ojos nuevos cada día y pregúntate qué puedes hacer hoy para acostarte feliz. Hazlo y empieza cada día como si fuera el último. Y si hay un día malo… llorar, reír, dormir y a empezar de cero. HOY PUEDE SER UN GRAN DÍA.

 

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