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Cuando me preguntan si papi me ayuda, la respuesta es clara: No. ¿Por qué digo esto? Porque yo no me atribuyo el cuidado y la educación de mis hijas en exclusiva, es tanto cosa suya como mía. Aunque pasa la mayor parte del día fuera de casa, cuando llega es él quien termina de preparar a Nora para ir a la cama mientras yo me quedo con la minipitufa y su teteo. Es él quien la duerme y se va con ella a dormir si nos llama.

Este ha sido el gran descubrimiento cuando nos hemos convertido en papás por segunda vez. Plancha, limpia, hace la cocina, las camas, baña a las pitus cuando puede y puede pasarse tres horas “tomando café” con Nora. Bueno, tomando cafés, haciendo el gili, luchando, haciendo de lobo hasta quedarse afónico…

Ahora están malitas las dos, Vera tiene un trancazo del quince (cortesía de su hermana), se ahoga cada dos por tres, sobre todo por la noche, de modo que yo estoy de guardia. Nora está con gastroenteritis, así que nos cruzamos por el pasillo, él a por el barreño, yo a por suero. Yo limpio la vomitona, él cambia a la pitu. Vamos, que somos un equipo.

Y viéndole esta mañana levantarse a las seis, después de llevar a la Rubia a urgencias a las  23.30 y un par de potas nocturnas con sus respectivos cambios, cambiarse e irse a currar como un campeón, no puedo hacer otra cosa que dedicarle una entradita al súper papi que ha conseguido hacerlo tan bien, que es a él a quien llama Nora por las noches para que vaya a su cama. Ha sido un cambio lento, pero entre toma nocturna y toma nocturna, si tengo que atender más despertares me da un telele.

Así que GRACIAS PAPICHULO, tengo suerte de tener un compañero en esto y no un “marido” 😉

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