29.octubre.2013

Acabo de dejar a Nora en el cole y he presenciado algo inquietante y horrible. Los niños terminan de entrar en clase y llega un coche de la policía nacional. Se bajan y entran al colegio. Salen escoltando a una niña con una amiga. Una de ellas sale llorando, con la cara roja, no sabría decir si de llanto o de golpes. Entonces llega una madre angustiadísima, ya le ha pasado otras veces, viene con una compañera de clase de Nora en brazos, es su hija mayor. Al parecer unos chavales la han agredido. Hay seis agentes de policía.

La mamá está destrozada, dos agentes intentan tranquilizarlas, ella está indignada. Me angustia mucho verla así, cuando va a recoger al cole a la pequeña siempre sonríe mucho y se nota que disfruta siendo madre. Está totalmente en modo “mamá leona”. La entiendo, se me eriza la piel solo de pensarlo.

Hoy no paro de preguntarme esa necesidad que sienten algunos niños de fastidiar a otros. A mí me pasó, cuando entré en mi último colegio empezaron cuatro años horribles lucha interior, por mis bemoles que no me hundía. Nunca parecía que me pasaba nada, pero pasaba. Esos años me marcaron para siempre, me volví más fuerte, pero a cambio guardo auténtica tirria al cole.

Llevo unos días escuchando a Nora decir lo que le duele que su amiga le diga que ya no la quiere y que va a quedarse sola en el patio. De momento le digo que los amigos de verdad te cuidan y no te dicen esas cosas, que te cuidan. Le digo que si algún niño quiere pegar a alguna de sus amigas que vayan todas y le digan que no les gusta que le peguen, que no le dejan pegarla.

Viene contenta, me lo cuenta todo, intento no hacer juicios sobre lo que me cuenta (es muy difícil), para que no se guarde nada. Parece que les funciona hacer piña, pero ¿qué puedes hacer cuando es su mejor amiga la que le dice esas cosas? Quiero hacer algo, pero no sé qué. Me gustaría proponer al APA alguna “jornada de empatía”, hace tiempo pude ver un documental en el que se hacía y los chavales recapacitaban de verdad. Pero si os digo la verdad, pienso que los padres tienen la culpa de esa agresividad que tienen los chavales, algo les falta o les sobra en casa.

Nunca pensé que empezaría tan pronto con estos menesteres y como mamá leona que soy, no puedo sentarme a observar sin más…me pongo en la piel de esa madre y me entran ganas de separar de un “bocao” las extremidades de “ese grupo de mamarrachos” como los ha llamado. Como madre racional, voy a intentar dotar a Nora de todas las herramientas posibles para que nunca se vea en una situación semejante (ni de un lado, ni de otro). De momento estamos llenando la mochila de sentido de la responsabilidad (con sus juguetes, sus tareas de casa y su hermana pequeña), de amor (a raudales), de autoestima (apoyando sus intentos, creyendo en sus capacidades, alentando su curiosidad, escuchando sus historias), de todo lo bueno que puedo… espero que ella nunca se sienta tan mal como para esconder sus lágrimas.

Ais, qué duro esto de ser madre, las preocupaciones (como las alegrías) no paran de crecer.     No se nos tiene que olvidar jamás, ellos son el espejo donde se miran, les devolvemos la imagen que tenemos de ellos y somos un ejemplo andante, es muy importante la manera en que les tratamos y tratamos a los demás, pero más importante aún… cómo dejamos que nos traten.

Feliz semana, que esta es cortita. Besitos 🙂

(Actualizaré las fotos, que marido ya ha andado trasteando el portátil y no hay forma humana de subir fotos nuevas, reeditaré en cuanto me sea posible 😉 

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