Cuando tenía seis años y llegué a esta ciudad por primera vez, conocí a una niña que tenía entonces cuatro años. Vivíamos al lado, nuestras pasas hacían pareado. Crecimos juntas, yo compartí con ella vacaciones, noches de reyes, fiestas de pijamas (prácticamente todos los fines de semana) y nuestra infancia entera. Luego se mudaron y seguimos viéndonos, aunque no tan a menudo.

Crecimos y mantuvimos el contacto. Yo fui mamá y ella se emocionó muchísimo, pero nuestras vidas seguían  caminos distintos. Y un día, me encontré con su tía en la puerta del cole de Nora y me dijo: ¡Qué Isa va a ser mamá! entonces yo estaba a un par de meses de parir a Vera. Me puse a llorar de la emoción.

La busqué en facebook y la encontré a través de su hermano pequeño… me costó. Y volvimos a tener contacto, quedamos cuando vera tenía unas tres o cuatro semanas, el día que supo que era África quién venía de camino. Y fue genial. Compartimos una visión del embarazo y la maternidad muy parecidas.

Hoy he visto una de sus fotos más bonitas, con su cara de dolor, con el milagro que llevaba dentro a punto de ver la luz, su parto. Qué cosa más bonita. Y ese lazo que siento que comparto con las mamás del mundo nos ha unido de una manera más especial.

Le doy la bienvenida a “la secta”, como yo llamo a esto de la maternidad, porque a todas nos une algo, ese amor incondicional, esa sensación maravillosa de felicidad y cansancio, ese camino que comienzas como guerrera, esta maravilla.Vas a ser una mamá maravillosa, te quiero. Y también a África, otra mujer en potencia, otro pequeño milagro y una auténtica preciosidad. ¡¡¡¡Bienvenidas!!!! 🙂

Y de paso a Eva (Inma ya tiene tablas). Disfrutad de cada segundo del camino.

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