Entrada que escribí en mi semana 32 de embarazo.

Últimamente siento la necesidad de prepararme para el parto. Esta vez sin miedos, ya sé lo que es y tengo claro lo que quiero mejorar y vivir. También tengo claro que si llega el momento en que no pueda más, pediré la epidural sin sentirme culpable.

Me está pasando que siento una gran conexión con mi yo más salvaje, la mujer, MUJER que llevo dentro, la salvaje, la mamífera, la cíclica, la que sigue conectada con la naturaleza. Siento que puedo prepararme para el dolor, para disfrutar de mi parto, para vivirlo sin miedo, para hacerme entender y conseguir que papi participe con su apoyo en el trabajo de parto y ayudarme a traer a mi hija al mundo. Mi primer parto fue largo, larguísimo y a pesar de ser muy bonito el final, el comienzo me llenó de miedo. ¿No es suficiente el dolor de las contracciones que te tienen que provocar cólicos de diarrea? El enema me mató y la herida que me hicieron me duró casi nueve meses. Esta vez si me cago…me cago, es lo que hay, es lo que pasa cuando la cabeza del bebé va saliendo, no pasa nada y si al médico le molesta que se joda, así de sencillo. No pienso sufrir más de la cuenta por no molestar a mi ginecólogo.

Tengo la sensación de que lo puedo conseguir si aprendo a relajarme y no a luchar contra el dolor. El dolor tiene fin, no es algo que dure eternamente, aunque lo parezca. Nuestro cuerpo está preparado para hacerlo, el problema es que el miedo nos frena.

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