Hace días que busco un ratito para mí, para estar sola, para disfrutar del silencio, para ducharme, no tranquila, ni en más de tres minutos…solo ducharme. Me levanto un poco cansadica, no duermo bien, sospecho que tengo anemia por los antecedentes y a lo largo del día no encuentro ese momento de recargar energías.

 Para llevar a cabo la maternidad en la que creo y quiero necesito un poco de respiro, pero no lo encuentro. Los ojos se me cierran mientras una me intenta arrancar un ojo y la otra me cuenta su última teoría para convencerme de que le tengo que dejar salir de casa con mis zapatos…

 Estoy por ponerme a echar yo los currículums de Papi a ver si hay suerte, se acerca más a casa y dejan de explotarle. Me gustaría que fuéramos los dos, al menos la mitad del día, pero esto es lo que hay. Lo bueno es que Nora ha entendido esa necesidad que tiene Mami de descansar y ya se va sola a dormir. Nuestro pacto es que yo me paseo de vez en cuando por el pasillo. Sé que es el primer paso de una etapa nueva, así que obvio el que se acaba durmiendo a las 10 y pico y ya no queda tiempo de descansar, pero voy divisando una luz.

 Después de tres años de “problemas nocturnos” Nora ha dado un gran paso y yo la estoy acompañando (deseosa de que las peticiones y sus teorías acaben a las 9 de la noche) con paciencia. Porque claro, me llama para preguntarme sus dudas y contarme sus historias:

 

– ¿Sabes? Es la primera vez que mato una mosca… Y ha sido hoy… He cogido la raqueta roja (matamoscas del bisabuelo) y ¡Zas! Me la he cargado. Pobrecita. Ahora me da pena por sus hijitos.

 

– Mamá ¿Qué significa “que aproveche”?

– Pues “que te siente bien la comida”.

– Aaaah. Pues a mí me ha aprovechado y a tí y al abuelo y a la abuela y a Toño…y a tí, porque a ninguno nos duele la tripa.

 

(Después de haber dicho que le gustaban los flanes y yo le dijera que creía que no…)

– Pensé que me iban a gustar los flanes y al final no…

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