Felicidades Mi niña
Felicidades Mi niña

Entre las obras que no acaban nunca y las faringitis que empiezan otra vez no he podido terminar el montaje para mi pequeñuela. ¡Qué rabia! Pero lo que he disfrutado con las fotos y los minivídeos… Ya lo terminaré.

 Hoy, hace un año, Vera me demostraba que otra maternidad a la que había experimentado existía. Una de esas en las que todo encaja desde el principio, en la que el parto entre las dos es lo que queríamos, en la que la primera mirada nos engancha y no nos ha soltado todavía, en la que la teta es un vínculo maravilloso, muy cómodo y un acto de amor que me hizo luchar a los seis meses, con la aparición de seis dientes y un desafío, por esa lactancia de doce meses mínimo que yo quería. Y que ha sido de once, porque Vera se ha desenganchado solita y se ha enganchado a los sólidos como un camionero de 35…¡Qué manera de comer bocadillos! Una en la que dormimos genial desde el día uno. Una en la que se ha portado tan bien metida en el fular, que ha sabido esperar para sacar al bichillo que es hasta que su hermana mayor se acostumbraba a compartirnos.

Vera le ha demostrado a Nora que había perdido el trono para compartir sofá. Que con una sonrisa y una payasada le quitan las penas, y que los abrazos 24 hora disponibles en versión mini lo curan todo. Solo era cuestión de tiempo, no era culpa suya ser un bebé, al principio todos somos así.

Vera nos ha completado, nos hace reír y no para de bailar. Ella es muy silenciosa, y en ese silencio se ampara para liarla parda (tirar cinco rotos de papel al wáter, por ejemplo). Es todo amor e independencia, es fácil. Si tiene sueño, se duerme. Si tiene hambre, te lo hace saber y come…lo que sea. Si quiere jugar, juega sola o acompañada. Si quiere mimos los pide y cuando está colmada… sigue con sus pesquisas. Siempre tiene un amoroso “ohhhhh” para dar. Es mi bombón, mi pelotilla del amor. Redondita, ágil, veloz, danzarina, dulce, guerrera, sonriente. Eres un rayo de sol con ojos de invierno (gris azulón de tormenta del norte). No hay suficientes años para darte las gracias por elegirnos para ser tus papis, no hay suficientes abrazos para demostrarte lo que te quiero. Ni suficientes besos para saborearte pelotilla. Feliz cumpleaños princesa.

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