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Recuerdo estar escribiendo (o intentándolo) un análisis de la Bolsa, cuando mi jefa me empezó a contar que le estaba empezando a dar fruta a su hija y que no había manera. Recuerdo cómo ella se reía y se frustraba por lo poco que le gustaba a su retoña la fruta mientras yo pensaba: “Peeeero qué me estás contaaando… que llevas más de diez minutos con la fruta de la niña, qué carajo me importa a mí. Pues ya comerá cuando sea mayor, deja a la pobre chiquilla.”

Recuerdo también la cara de cansancio de una de mis mejores amigas cuando conocí a su pequeñín, yo tenía 20, ella 19. Recuerdo alabar la belleza del chiquitín, porque mira que era guapo, y  decir:” Jo, tiene que ser una pasada”. Yo en plan todo ideal, tienes que estar muerta de amor por él y los dos jappilly ever after en el limbo del amor de los padres. Y recuerdo su cara de circunstancia, su reflexión sobre no tomar café por el pecho, pero que se moría de sueño y, desde mi perspectiva actual, su mirada de “esto no es lo que yo esperaba”. Todo eso con la casa llenita de amigos. ¡Pobrecita!

Y claro, es que ya has estado en el otro lado y sabes que por mucho que trates de explicar ciertas cosas, es imposible, y digo  imposible, que una persona que no tiene hijos se imagine ni por un segundo, ni de cerca (porque ni con barrigola te esperabas EL CAMBIO) lo que esto significa a todos los niveles.

Tus días son una exhalación, quizá si tu hijo es un bendito desde el día uno, al principio no notes mucha diferencia (todos empiezan a andar tarde o temprano 😉 ), pero cuando no tienes la certeza del descanso suficiente para poder mantener una conversación mínimamente coherente, cuando no sabes en qué momento va a atacar ese virus que os acecha, al que ves venir, porque para qué engañarnos, cuando el 75% de la clase de tu prole tiene un moco verde saludando y la tos perruna en modo 24hoursnonstop, sabes que antes o después te va a tocar a ti. Es cuando no puedes dar por sentado que puedes quedar, te llaman coñazo y malqueda. Pero tú entiendes esa visión, porque ya has estado en el otro lado.

Si nos metemos en la logística que  conlleva una salida con enano incorporado… pañales, tetes (en caso de usar), mudas, bibe y leche (en caso de no dar teta), juguetes o juguetables (como dice Blan), pañuelos, remitas, la barrita de árnicatodopoderosa… Y esto sí o sí se quede otra persona con el bebé o te lo lleves puesto. Que yo soy más de fular, pero si llevas carro (y más en día de lluvia), añade más aparatos. Y no te olvides de ti, que a veces llegas al punto de encuentro y estás que no estás porque te has dejado en la discusión con el padre de las criaturas (como dice Jeza 😉 ), en las tropecientas veces que te has levantado a dar agua a una, has consolado a la otra, te has desvelado y te has puesto a escribir a las 5:44 am (por ejemplo), has discutido el vestuario con tu mayor, has conseguido proteger del frío como has podido a tu pequeña (que mona no va, pero tu has hecho lo que has podido entre vuelta y vuelta para que ese moco verde ni la huela). Y claro, a las seis de la tarde lo mismo te quieres morir de sueño, pero vete tú y cuéntaselo a tu amiga…

Que yo, en más de una ocasión, al compartir mis vivencias de la semana (por no decir penas) he recibido un “pues no haberlas tenido” en respuesta, quedándome ojiplática y sin palabras ante ese comentario, cuando no “ya será para menos”. Pero claro, lo más difícil es explicar que a pesar de todo eso, ser mamá te llena y te hace feliz, que leer otras mamaventuras te mola y te divierte porque te sientes en tu salsa.

Esa empatía que nos une a las madres, inevitablemente alimenta y quita peso, no tienes que dar muchas explicaciones. “Estamos con faringitis” es suficiente para que una se ponga en el lugar de la otra y sepa que detrás de esa frase hay: noches mierder, una tos que conforma la banda sonora de días interminables, persecuciones con suero, bolitas homeopáticas, infusiones o jarabes dependiendo de cada familia, viajes infructuosos al pediatra, sustos porque mihijanorespirayseahoga y, entre otras cosas, ¡por Dios que no se le pase a los oídos o a los bronquios! Y te lleves un ánimo nena, que en UNA SEMANA estáis como nuevos, en vez de el yaseráparamenos que toca con la que no es mamá.

Y te das cuenta de que tienes muchísimas ganas de irte de cañitas y reírte de todo eso que es parte, la menos, de ser padres. Y solo tienes un deseo en el fondo de tu corazón, uno bueno aunque un pelín cabrón… que se preñen para poder hablar de todo sin sentirte out en todo momento.

No me tengáis muy en cuenta, me desvelado entre tos y tos… no voy a ir por ahí pinchando condones, aunque si me diesen la oportunidad… ;P

Disfrutad de lo que queda de semana. ¡El finde ya está aquí! Besitos

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