Castillo de Torija
Castillo de Torija

Hace tres Semanas Santas decidimos que estas vacaciones no nos iríamos fuera. La verdad es que fue un infierno de viaje, así que este año nos hemos decantado por hacer turismo en la provincia en la que vivimos, Guadalajara. Como todo en esta vida, aprendes con la práctica. Nuestra intención era ir a una carrera popular que se celebraba en Torija (y no fue) e ir a visitar el castillo, dar una vuelta por el pueblo y comer en algún prado o algo así.

Y para allá que fuimos. Para ubicar un poco en la historia, el castillo data del siglo XV (1400, para los que vayan mal en números romanos). Los Mendoza, una importante familia de Álava, lo construyó cuando la familia se unió a Castilla, Torija tenía una ubicación fantástica, al parecer, y era un lugar de paso en el camino hacia Aragón. Del Linaje de los Mendoza vienen también Los duques del Infantado (¿Os suena? El Palacio del Infantado es una de las principales atracciones de la Ciudad de Guadalajara), pasó por allí Ana de Mendoza de la Cerda, más conocida como La Princesa de Éboli.

Los alrededores del castillo de Torija
Los alrededores del castillo de Torija

No está muy lejos y se puede aparcar bien cerca del castillo. Nosotros lo rodeamos con las enanas, Nora hacía preguntas y flipaba con lo grande que era el castillo. Cuando entramos me llevé un poco de decepción, la verdad. El interior está complétamente reformado, tiene buen acceso para ruedas (carros, sillas de ruedas y andadores para abueletes), pero no queda mucho de lo que fuera la construcción original por dentro.

Interior del castillo de Torija
Interior del castillo de Torija

A mí una de las cosas que más me gustaba cuando era pequeña era ir a ruinas de castillos, mi padre siempre nos contaba la historia de la familia que lo había construido, mientras yo recorría las cuadrículas de piedras que quedaban imaginando las historias que se habían vivido en aquel lugar. Sin embargo ahora la magia desaparece. Puedes ver estancias diáfanas donde reconstruyen la fauna del lugar (esto es lo más divertido para los enanos), muestras de arquitectura, cuadros de los personajes que han pasado por ahí, información sobre los pueblos de alrededor, una muestra de conservas y alimentos típicos de la zona (que no se pueden tocar), cubos luminosos con información y fotos de los pueblos de alrededor y un caballero que da un mal royo del carajo en una torreta.

La entrada cuesta 2 euros para los adultos, los niños no pagan. No está mal, pero yo mejoraría muchas cosas, como las placas informativas en las que hay muchas palabras, pero la información es más bien escasa. La plaza es muy bonita, es una buena primera parada.

trío

Buscando un sitio para comer cerca de Brihuega, acabamos en un zarzal que daba la sensación de ser un miniprado majete y tuvimos que salir por patas con las piernas llenas de arañazos… sis, qué mal a veces esto de ser novatos. Terminamos en un parque que tenía algo de césped. Vamos, igualito a la imagen que me había hecho yo de lo que iba a ser nuestra comida. Pero al final lo que cuenta es la compañía 😉

Lo que le hacía ilusión a Noa era hacer picnic, así que la cosa salió bien
Lo que le hacía ilusión a Noa era hacer picnic, así que la cosa salió bien

Después de comer tocaba cafetito en el pueblo, un poquito de parque, paseo y a casa.

Una vueltecita por Brihuega
Una vueltecita por Brihuega

 Yo, la verdad, acabé un poco cabreada por no habernos preparado el viaje mejor. Pero para ser la primera vez en un sitio desconocido no estuvo mal. Hay un par de sitios en Bruhuega  que son muy bonitos y no vimos (por no saber de su existencia…). Este por ejemplo.

Civica en Brihuega
Esto nos lo perdimos: Civica en Brihuega. Clicar en la foto para ir a web de origen

La cosa es empezar… hemos ido mejorando. Que tengáis buena Semana Santa 🙂 Besitos

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