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Esta semana va de escapadas, ésta en concreto de una ruta mágica para hacer con los enanos. El Hayedo de Tejera Negra ha sido, sin duda, la mejor de todas nuestras miniescapadas de Semana Santa. Y una, que cada vez va aprendiendo más truquitos de madre y sabe la importancia de los bocadillos en el campo (que saben a gloria después de una caminata), hace fiambre casero para excursiones (tengo una madre que sabe de todo y me lo enseña 🙂 ).  Ya haré una entrada con la receta del fiambre de pollo, sólo diré que Vera, con 14 meses, se comió su bocadillo solita y se lo terminó. Rico, rico.

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Miramos la información en Wikirutas y decidimos ir a pesar de la previsión de chirimiri. El viaje de por sí es entretenidísimo, bonito, se ven muchos castillos. Hubo un pueblo en concreto, Galbe de Sorbe, que me quedé con gantas de ver. Tiene ruinas de un castillo, todavía en estado puro, es un pueblecito muy chiquitito, pero para andar con pitufos lo vi muy entretenido. Además tiene un merendero cubierto que tiene muy buena pinta. Lo fichamos por si nos llovía, poder sergui con nuestro plan, pero tuvimos suerte y el tiempo fue estupendo.

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Ya llegando las nenas estaban encantadas de la vida con los baches, con las vacas, las ovejas en medio de la carretera (foto de cabecera), el riachuelo. Nos esperábamos que las hayas tuvieran hojas, pero parecen de primavera tardía, a pesar de lo cual era precioso. Una vez llegas a Cantalojas, sólo tienes que seguir las indicaciones. Te metes en un camino mágico en plena montaña hasta que llegas al aparcamiento del parque.

vista cochePisar el prado es una auténtica pasada, es blandito. Nora, al principio, no sabía muy bien qué hacer, me dice “pero mamá, en este parque no hay columpios”, así que empecé a correr para que me siguiera “¡Quién los necesita cuando tienes todo esto!”. Me empezó a seguir malhumorada y en cuanto empezó a correr se fué liberando de la niña de ciudad, tocaba el barro y corría al riachuelo a lavarse la mano y acabó gritando “¡Dios, cómo me gusta el campo!”. Fue mágico.

Ruteando
Ruteando

La senda está muy bien señalizada, a lo largo del camino hay postes informativos que hablan de la vegetación y la fauna de la Reserva. Yo recomiendo, si lleváis nenes más pequeños de tres, que llevéis mochila o fular para llevarles, porque hay zonas que no son accesibles con carro.

Es una auténtica pasada el sonido del riachuelo a lo largo de la ruta, el olor a resina, a pino, a hierba. Si lleváis mallas o pantalones ligeros, podéis llevar una manta de picnic (la nuestra es una funda nórdica 🙂 ), porque hay hierbitas que pinchan el culete en ciertas zonas. Pero comer allí es un auténtico placer.

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 Las nenas se lo pasaron pipa, nosotros también. Es mágico ver a tus hijos disfrutar con lo que sale de la tierra, hacer ranas con piedras en los riachuelos, hacer hitos con las piedras, lavarse las manos en el arroyo, intentar acercarse a tocar a las vacas (hasta que tu pones un poquito de sentido común al colocón de oxígeno). Recomentable 100% para hacer senderismo con pitufos. Volveremos en otoño, aunque para entonces hay que pedir cita, porque debe de ser abrumadora la belleza del Hayedo en pleno cambio de estación. Repetimos seguro.

Venga, que mañana ya es viernes! Besitos 🙂

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