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La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. No todo pueden ser chuches y piruletas en nuestra viña, esto es así. Y toda la ilusión que tenía la semana pasada ha venido en formato ostión para partirme la cara… Si es que me lo merezco.

Mady’s vision:

Una yo súper happy entrando a empresas, comercios y establecimientos misceláneos siendo recibida con una sonrisa de oreja a oreja. Una yo megaresuelta explica al potencial cliente las bondades de tu oferta (que consideras jodidamente buena) y te firma EL CONTRATO mientras suena de fondo “You make my dreams” de Daryl Hall & John Oates de fondo.

Sales con tu contrato, te sale un texto molón, grabas la cuña y es…canela fina. Llegas a casa y una rica, equilibrada y sana comida que sale de tu cabeza y se convierte en realidad en 5 minutos para deleite de tus retoñas, con las que compartes mesas entre risas. Recoges acompañando a Jimmy Soul con un baile a coro con tus hijas al unísono recitando el “If you wanna be happy”, por que tu vida es música y miras a tu alrededor y todo mola y está recogido. Tu eres feliz y todo es genial, chachipiruli.

Fucking reality:

Estamos en crisis, así que a la peña le cuesta un huevo y medio recibirte bien sabiendo que vienes a vender, que es lo que ellos intentan y además tu quieres ayudar, pero te reciben como al enemigo. Tienes un dolor en el trocante ( aka culo- espalda-pierna) espectacular después de haberte pateado durante tres putas horas un barrio nuevo, que además te vas a enterar de que no lo puedes tocar, porque nos hemos tenido que dividir por distritos (para mí se asemeja a las esquinas de las putas, símil nada glamuroso, pero el más parecido con la realidad), porque sois autónomos. Sois un equipo, sí… por los cojones. Let’s talk about it later.

El caso es que tu, que empezaste súper ilusionada y monísima de la muerte, estás deseando volver a tu casa, con tus leggins y el moño gitanero cuando te das cuenta de que has trabajado tres días de manera absurda. Luego has ido a ver cómo se hace y no te has comido un colín porque eres una persona non grata y sales a la calle de cada comercio con el “Small” de Portishead rayándote el buen royo.

Y después de cinco jornadas de negativas llegas a casa y el abuelo paterno de las criaturas les ha tenido que dar un potito a cada una porque no te ha dado la vida para hacer una puta comida en condiciones. Es tu primera vez como madre curranta fuera de casa y no te apañas. La espalda, o el culo, o una mezcla de ambos dos te impide desarrollar bien tu papel de madre y acabas jugando a algo en lo que tu puedas estar tumbada en el suelo porque de pie te mueves como chiquito de la calzada con ciática. Te sientes culpable por dejar a tu bebota de 18 meses en manos de otra persona. La de cuatro está feliz, menos mal. Te sientes culpable por tener que volver a currar, aunque haya sido una necesidad imperiosa la que te ha llevado a ello.

Y ves que marido está feliz, porque se ha quitado la losa de encima (a pesar de que los bolsos y los cuellos fueran bien, eso no le daba la tranquilidad, vamos, como a mí el hecho de que me vaya a atracar el Estado cada mes y cada trimestre… ser autónomo), y a tí eso de que esté feliz en un principio te parece la bomba, pero cuando ves el estrés, el tiempo y el trabajazo que lleva lo que haces y la mínima satisfacción que te produce es una auténtica y jodida mierda. Y tu piensas…esto me llevará a… Veeenga, despierta, esto no te va a llevar a locutor en tu puta vida, pero necesitas trabajar y punto, es lo que hay.

Has sido afortunada de poder dedicarte casi cinco años a tus hijas, pero los ahorros no dan para más y la subida del IVA lo ha hecho insostenible. Te mueres de pena al pensar que el verano tan genial que habíais planeado no va a poder ser. Tienes ganas de  mandar los tacones a la mierda, igual que a los que te miran mal cuando entras a dar una propuesta, e irte a pastorear cabras, hacer germinados y regar tus tomateras que están al borde de un ataque de ansiedad… se les nota en la forma de la hoja.

Llega la noche del viernes y después de acostar a las nenas empiezas a llorar en silencio, porque esto es durísimo, porque tienes un sentimiento de culpa infinito, porque sientes desaprovechadas muchas de tus cualidades, porque es más por necesidad que por querencia, porque la gente es una borde y eso acaba minando, porque estás agotada y tienes unas ampollas reventadas del tamaño de un tomate cherry que son dolorosas a morir y te han dejado varios dedos en carne viva.

Y después de esto acabas concluyendo que el día de hoy, la semana entera, ha sido una auténtica mierda (aunque haya firmado un contrato), cosa que tu hija menor a retratado de la manera más literal posible en casa de tus suegros (esto me ha levantado mucho los ánimos). Pero en estos cinco días he aprendido mucho y creo que he crecido cinco años, así que soy como un prematuro: tengo 29 años, en edad corregida 34.

Caga
Regalo de Vera 😉

Mañana habrá que hacer acopio de positivismo, poner a toda traya a Mr Freddie  con su “Don’t sop me” y a seguir luchando por encontrar algo bueno en mis nuevos días. Cuanto más grande sea la caída, nos levantaremos con más fuerza.

Mañana me como el mundo, pero hoy necesito llorar (pero mucho mucho) para poder empezar de cero. 😦

Como dice el refrán y Rozalén: Mañana será otro día. 🙂

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