espalda

Vivir con dolor 24 horas al día… Me levanto como si me hubieran pegado una paliza, cojo a Vera como puedo para no hacerme daño y vamos a la cocina, cada paso, cada respiración, cada estiramiento, duele. Hago el desayuno y hasta que las articulaciones de la cadera no se desentumecen duele. Viene Nora y desayunamos. Trato de ignorar el dolor y hablamos de los sueños, Vera hace que habla. Recogemos y me tomo la primera pastilla del día (paracetamol, gelocatil, AAS…).

Recojo las camas, la litera es un error, porque Nora no puede hacer milagros y la de Vera es realmente incómoda de hacer ahí abajo. Preparo la ropa de las tres. Cambia el pañal de Vera, vera lucha por no vestirse. El dolor sigue ahí. Nora se viste… no sin que le tenga que ir recordando que se tiene que vestir…unas 15 veces.

Me cambio yo, con cuidado de que ese dolor intenso de la cadera no acabe en tirón. Es como tener una espada que te va pinchando cuando no te mueves bien. Me voy a pintar, viene Vera a que la coja. Obviamente la cojo y la dejo en el lavamanos (aunque quiera…no puedo con el dolor)… todo duele. Y como tengo que hacer todas esas cosas que hacemos las mamis, pero con dolor, hay días en los que no consigo controlar la expresión y Nora se pasa el día pensando que estoy enfadada con ella. Se lo explico.

Porque no es solo un juguete en medio del pasillo, es lo que me supone agacharme a por él, no es tender o planchar, es dolor. No es ir al parque y pasármelo bien con ellas, es una tortura. Es una putada, así de claro.

Ve al médico… no tengo tiempo. De verdad, no es una excusa. Me levanto a las siete menos cuarto de la mañana. Prepara casa, meriendas, desayunos, niñas, tú, ve al cole, deja retoñas y a curar. Mis horas hábiles para ir a hacer clientes son las tres horas y media de cole mañanero. Mi sueldo depende de que las haga. Si voy al médico pierdo al menos una hora y media. Al final voy… pide hora para una resonancia… Llega a casa, haz la comida, que se laven las manos (vera sola no puede… y ya he vivido lo que es “dejarlas hacerlo”… acaban con las esponjas de la ducha y todo el baño empapado), las quejas durante la comida, recoge… sube, baja, sube, baja… Parque, baños, cena… ¡Coño!¡La resonancia! y así se me van 13 días.

Me dejo para el final y así me luce. Que llego al día en que casi todo o lo hago llorando o gritando o no puedo hacer nada, no ya por el dolor, sino porque me fallan las piernas. Y Papi pide teletrabajar para poder llevar a las nenas al cole. Estoy de mis hernias discales hasta el higo (y sí, hago abdominales y estiramientos, yoga, etc, todos los días, pero ha llegado a un punto esto en que no lo soporto más).

Hay grados, hay días que el dolor es como el de una pinza puesta en el dedo, se soporta y lo puedes ignorar. Pero hay otros, esos de cambio de presión, de tiempo, que son infernales, no puedo ni andar y a veces me gustaría arrancarme la cadera, la columna, ponerme una de plástico y poder volver a correr, saltar y doblarme como lo hacía antes. Sería una mamá bastante más divertida y maja si no fuera por esto.

Así que no sé como lo voy a hacer con Vera, pero si me tengo que operar, lo hago ya, porque no puede ser que el dolor se sume a mis sombras. Bastante complicado es educar y criar como para hacerlo con dolor.

Necesito que pare ya, de verdad, que no duela el día a día. Que mi cuerpo me facilitase las cosas. A ver si lo solucionamos de una vez. Salud…te echo de menos 🙂

Que paséis un gran fin de semana… Esta era de desahogo 😉 Besitos

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