Gio

No es que me queje. Bueno, sí. Desde el domingo pasado las pitufas han estado colonizadas por virus indeseables. Eso quiere decir que se han pasado una semana en casa, encerradas y progenitora con ellas. Papi se pidió dos días, pero a partir del miércoles la menda lerenda se quedó sola ante el peligro.

Cosas buenas:

1- Al no tener cole, Nora no recurrió al juego “profe gruñona” (cosa que agradezco en el alma), los ratos que se encontraba bien, empezó a jugar con un montón de juguetes guays que hacía tiempo no tocaba. Vera, por su parte, más o menos igual. Aunque su peor día daba penita, porque intentaba subirse a los sitios y acababa tumbada en el suelo.

2- Otra cosa buena de esta semana es que han jugado mucho juntas, como tenían que estar en casa sí o sí, porque la fiebre no les ha permitido muchos trotes, se han inventado juegos juntas y esos ratos era una gozada verlas.

3- Otra de esas cosas positivas, aunque con trampa, era que a las 19.30 no podían con su vida y me imploraban irse a la cama.

Cosas no tan buenas:

La expresión “volverse loca del coño” (disculpadme la expresión, pero es lo más parecido al estado en el que he quedado yo) nunca ha tenido tanto sentido como en esta semana.

Compartir cuidados con Papi estuvo bien. Nos repartíamos el trabajo y nos dábamos abrazos en los momentos “no puedo más”. Es como si justo la semana que se acaba la locura de las Navidades, agotados de familia, comilonas, viajes, salidas, niñas hiperactivas por tanta visita, azúcar y juegos… va y te toca no desconectar, no descansar y dar más aún de sí tus energías.

La noche del sábado ya fue regular, pero es que desde el domingo hasta hoy… han sido desperares continuos, por agua, mocos, frío, fiebre, tetes desaparecidos (Motorita duerme con uno en cada mano), pesadillas, dudas existenciales de Nora a las cinco de la mañana. Qué ahí dices tú: ¿Tan urgente es saber por qué las vacas tienen cuatro tetas, que no puedes esperar un par de horitas, al menos hasta las siete, para preguntar? Esta era la trampa. Acostarse pronto… para llamarnos un mínimo de dos veces cada hora.

Pues eso, 24 horas durante siete días de dames, traemes, ponmes, llévames, súbemes, bájames, prepárames, necesitos, menús adaptados a cada una, 200 actividades, peleas, gritos, cantos nonstop. En serio, nonstop… Desde que abre los ojos, Nora es un loro, repite palabras sin parar con melodía, si hablas con alguien empieza a hablar más alto, todo el rato pide, habla, canta, chilla… parece que exagero, pero juro por mis dedos de los pies que no para de hablar. Cuando le pido que por favor me de un minutito de silencio, que necesito descansar los oídos, cierra la boca y sigue tarareando. Así me han dado ataques de risa de esos con los que sueltas tensión, porque me parecía increíble.

Mientras tanto, Vera, para reclamar su sitio, ha estado pidiendo las cosas a grito pelado en plan: ¡AGUA, AGUA, AGUA, AGUA, AGUA, AGUA! Imagino que así se asegura de que me llegue el mensaje, por aquello que me veía con ojos ausentes.

Evolución del Virus. A la que más le costó aceptar que estaba mala... fue a Vera
Evolución del Virus. A la que más le costó aceptar que estaba mala… fue a Vera

El viernes las llevamos a hacer la compra para que desfogasen un poco. Eso fue como el acabose. Las niñas corriendo y chillando por los pasillos, Vera corría con la mano estirada tocando las piernas de las señoras que elegían fruta o que hacían cola para comprar el embutido. Tocaron toda la sección de yogures como quien toca el yembé en una batucada. Nora instaba a la peque a hacer carreras caóticas mientras nosotros intentábamos llenar el carro de cosas lógicas con los ojos puestos en ellas, turnándonos para redireccionarlas, porque cogerlas era misión imposible. Mientras pagábamos, sacaban y metían las cadenas de los carritos a tal velocidad que la gente flipaba, se abrazaban al tubo de reciclaje de pilas, Vera vació una bolsa de pilas en el suelo en décimas de segundo. Menos mal que nadie resultó herido.

Cuando cargamos el coche y ya estaban atadas… Papi y yo nos empezamos a partir de risa, entre el agotamiento que teníamos y esa media hora de apocalipsis que acabábamos de vivenciar, era eso o llorar como si no hubiera mañana.

viruses end

Así que después de una semana, me ha tocado a mí. Y hoy soy yo la que está con fiebre, malestar y congestión brutal… Pero con las nenas en el cole y trabajando desde casa, en silencio… Estoy en la gloria 😉

cafelito

Que tengáis una semana maravillosa. ¡Besitos! 🙂

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