nuevos límites

Después del post del otro día, llega el momento de replantear los límites en los que yo estaba segura y he fallado como una escopeta de feria. Hay cosas que las tenemos dominadas y nos relajamos frente a otras. Resulta que estas otras empiezan a crecer y crecer y crecer, hasta que hacen sombra de verdad a las anteriores.

Os cuento el episodio más brutal que he vivido con Nora en estos 4 años y 10 meses de convivencia. Haciendo un esfuerzo (económico) las llevamos este fin de semana al cine. Nos apetecía un plan familiar, pero el tiempo, la lluvia y el virus estomacal que teníamos el papi y yo nos limitó bastante la elección y creímos que el cine era la mejor opción. La peli fue bien, Home no es de las mejores que hemos visto, la verdad, si lo llego a saber no me gasto el dinero de las entradas, pero pasamos el rato. El caso es que Vera se mojó toda la camiseta y el body, así que tuvimos que comprarle una.

En la tienda Nora se emperró en una pulsera, pero consideré que, aunque era barata, ya tiene muchas, no la necesitaba y no se la quería comprar. Le expliqué que no, que en casa tiene cholocientas y que ya no teníamos dinero para más cosas. A partir de ahí, lloros, gritos de rabia, tirones del abrigo, salimos de la tienda, me empujaba hacia dentro. Me agaché para hablar con ella, que entendía su frustración pero no podía ser. Se puso detrás de mí para que me levantara y al decirle que no me tiró de la coleta. Nos pusimos en marcha dirección al coche, Nora intentaba agarrarse a mi mano para tirar de ella y llevarme hacia la tienda, como no podía me mordía la mano, yo la solté. No forcejeo, así que seguí hacia el parking, en las escaleras me pegaba (bastante fuerte), yo no la dejaba. “No te dejo que me pegues”. Por dentro yo ya pensaba en las ganas que tenía de pegarle LA HOSTIA, pero las controlé.

Una vez en el coche ella seguía: Pues se lo voy a decir a la abuela, que me compra lo que yo quiero!!!! … Hay las abuelas… qué charla tenemos que echar también para darles info. Llegamos a casa y le pedí que se quedara en su habitación un rato, estaba tan enfadada con ella y conmigo que me era muy difícil controlar el “cachete”. Y allí quedó, yo en la habitación de al lado. Papi la acompañaba y Vera estaba a su bola jugando (menos mal).

Todo esto me hizo replantearme una vez más el cómo hacemos las cosas. Y voy a hacer un símil con la música, que es de lo que más me libera. Para tocar un instrumento tienes que saber cómo funciona, no puedes golpearlo sin más, es un camino lento, de repeticiones y aprendizaje, es lento y requiere esfuerzo, pero al final, cuando ya sabes cómo funciona, si tienes música dentro la sacas sin frustraciones, y sientes una libertad indescriptible.

En la educación es igual, es un camino largo, va adaptándose, hay que aprender a preparar y utilizar los espacios, aprender a estar con las personas y respetarlas, para tener verdadera libertad sin coartar la de los demás, hay que aprender a hacerlo. Sólo adaptando los espacios a ellas y enseñándolas a utilizarlo, puedo conseguir que sean libres y se sientan plenas. Sin ello es difícil.

Así que volví al libro de Rebeca Wild, he vuelto a leérmelo y es que me di cuenta de que he empezado a quitar importancia a ciertos límites por cansancio, porque me siento muy cansada cuando dos personitas dependen de mi. Soy una persona muy independiente y me mata tener que decirle a los demás lo que tienen que hacer y me pasa lo mismo con ellas. Pero es mi papel, el que yo elegí al tenerlas y debo ser consecuente con ello, superar el cansancio y seguir con los límites, aunque tenga que repetir las cosas mil veces.

Nora es una niña muy madura, pero una niña al fin y al cabo, no puedo pedirle ciertas cosas que yo daba por hecho y lo peor es que tiene que compartir mi paciencia con una personita de dos años que está descubriendo hasta donde puede llegar ella y hasta dónde puedo llegar yo. Así que este es un buen momento para recordar ese “respira, serás madre toda la vida” y respirar de verdad una vez más.

La maternidad es un camino de aprendizaje brutal, aprender lo que es de verdad la generosidad sin condiciones, la humildad, la empatía, es un aprendizaje como pocos de cuán fuerte es el cuerpo humano. Es aprender a desaprender y estar en continua reflexión. Es agotador, extenuante, pero muy enriquecedor y una experiencia en la que los buenos momentos son los mejores del mundo. Volveremos a la paz, volveremos a la armonía y el equilibrio, sólo hay que buscar su nueva ubicación.

Que tengáis un domingo maravilloso. Besitos 🙂

PD: Como siempre digo, ni de lejos soy la madre perfecta, de hecho ni me acerco, aprendo cada día, la cago mil veces, solo que ese aprendizaje lo comparto por si a alguien más le sirve. Aunque las responsabilidades en casa las tenemos controladas, en el resto nos queda un largo camino.  🙂

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