cóño! Soy mamy

Más allá de lo que hago como mami, soy una tía de 29 años que fue madre con 24 y adora a sus hijas pero tiene pensamientos (en la cabeza somos libres) de esos que no le dirías a nadie, porque a veces da vergüenza admitir que cambiarías por un ratito tu vida por la de un miniom comiendo helado.

Esos momentos, dulces momentos, en los que tus hijas se disputan tu atención hablando cada vez más alto… esos momentos son para dejar las orejas en un platito, como hacen las señoras a las que les hacen un lifting. Esos momentos de arte contemporáneo con pintalabios de brillibrilli y una grasuza que te dejan el mueble de la tele como la piel brillosa de las que se maquillan untándose una loncha de panceta en la cara  … esos momentos te llevan a lo más grande.

La maternidad y la consecuente falta de sueño te lleva a ponerte unas bragas encima de otras o llevar un monedero viejo lleno de cromos de Dora y Hello Kiti (regalos de las niñas de clase) y darte cuenta sólo cuando vas a pagar en la cola del súper (Nora había estado jugando con tu bolso y dejó tu cartera en un cubo de la habitación de juegos). Cuando después de pegarte una panzada a limpiar, entras a evacuar tres minutos (aprovechas para ver cosas por el móvil) y al salir te encuentras con que han estado jugando a Hansel y Gretel y han dejado todo el salón con migas de ese bizcocho que habéis hecho una hora antes. Momentos después, cuando consigues barrer el desastre, cortocircuitas al ver a tu pequeña retoña sacando la basura de su cubo mientras dice: ¡Mía qué tesolos!

Maldices al viento cuando encuentras a tus flores pintando con tus rotuladores de tela un cojín y estrenadose las camisetas nuevas. Ese es el momento en que reclamas a Odin: ¡Por qué coño se me ha ocurrido ser una mamá craft!

Hay actos científicos en los pitufos en los que prueban varias veces al día qué es lo que pasa cuando ponen la taza del colacao (llena) del revés. Cambias su pijama tres veces y la tercera ya no quedan porque no te ha dado tiempo de poner una lavadora… entonces les tienes que convencer que que dormir con el chándal mola. Y al día siguiente de que mola aún más dormir con pijama.

Días en los que vas a una comida familiar con una camiseta de Iggi Pop semidesnudo (en casa de tu suegra católica, que se pasará la comida lanzando miradas a esa imagen), porque unas manos llenitas de queso te han abrazado cuando llevabas el único vestido decente que tenías y la colada espera su turno en el suelo de la cocina.

Días en los que vas a una reunión de trabajo con las manos pintadas con esos bolis del demonio que no se quitan ni utilizando lejía hasta el día en que no tienes compromisos profesionales.

Días en los que te encuentras antes de salir de casa que tu hija mayor le ha pintado pestañas con boli a tu hija de 9 meses, porque “como es calva, así se nota que es chica”. Días en los que te dices: hoy me tomo la vida con relax, tiremos la casa por la ventana y te dices ¡dejemos que las enanas se hinchen a glutamato! Y compras gusanitos… y cuando te lo tomas con relax acabas con dos enanas vomitando como la niña del exorcista todo el salón.

Hay días en los que ves a tus enanas pelearse por una tiara madeinchinay estás tan hasta las gónadas que te visualizas con un copazo de gintonic en la mano mientras el drama se desata… al más puro estilo Courtney Love. Y tú, con el pijama de cuando pesabas diez kilos más, las bragas dadas de sí, la camiseta manchada de puré de pescado, el moño hacia un lado y unas ojeras de panda comiendo bambú, las miras con la mirada perdida y les prometes que les harás una a cada una mientras te preguntas por qué coño te metiste en este fregao de ser madre.

trastadas

A veces pasa… luego te ríes y esos recuerdos duran más que los que se suceden sin sobresaltos. Sean felices y disfruten de las vacaciones de Semana Santa con sus retoños. Desdramaticemos los dramas y sonriamos a la vida, que aunque a veces es muy puta, mola vivirla. ¡Besitos y felices vacaciones!

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