la verdad verdadera

La necesidad de escribir esta entrada es a raíz de una afirmación que oigo mucho últimamente, hasta en niñas de 18-19 años: “Yo quiero ser madre porque tengo tanto amor que dar, que necesito tener un bebé para poder dar salida a ese amor”. ¡Mamaíña!

Es un sentimiento totalmente respetable, ahora bien, voy a contarte lo que supone ser madre, en mi caso madre joven. Lo primero de ser madre joven es que te vas a encontrar con que el embarazo genial, puedes seguir quedando, teniendo cuidado con lo que comes fuera y demás, si tienes un embarazo normal (vamos a obviar las arcadas, ascos, vómitos sueño y dolores que puedes o no tener), por lo demás… después tu vas a tener un hijo, que tiene sus ritmos y al cual no puedes arrastrar al ritmo de los demás, tu te tienes que adaptar a él. Esto inevitablemente hace que tu círculo cambie.

Tienes mucho amor que dar… y si la imagen que tu tienes de la maternidad es la de estar todo el día acuchando a un bebé, puede ser que si, pero puede que la personalidad de tu hijo no te permita estar achuchándole siempre, porque es una personita independiente, con personalidad propia y crece y “se pone difícil” y te lleva la contraria y te contesta, te grita y tu tienes que entenderlo… y tu sigues teniendo la necesidad de dar amor físicamente y te vas a tener que contener para respetar su espacio.

Si tienes pareja… el concepto que tienes de tu pareja va a cambiar, porque en vuestro papel de padres de la criatura, él tendrá que superar el complejo “chacha” por el que pasan todos los padres para poder entender que su papel en los primeros momentos o meses de la maternidad es el proveedor de paz y tendrá que asumir el hacerse cargo de la casa, la compra, las comidas y la gestión de las visitas para que tu y el pequeño podáis descansar y estrechar lazos. Y luego desarrollar la paciencia, empatía y capacidad de trabajo que “se espera” de un padrazo. Sí amigo, todos tienen expectativas sobre el padre que serás.

En este batiburrillo hormonal, de cansancio, de aceptación de sombras, de encontrarte ante el brutal cambio que supone un bebé que absorbe vuestro tiempo (sin duda esa absorción es un placer, pero también abruma), hay que encontrar el equilibrio (todo sea dicho, hay parejas que lo llevan muy bien, pero tarde o temprano esa crisis ve la luz) como pareja en esta nueva vida que compartís (si es que todavía sois pareja). Y en esa crisis, entra la vuestra personal, porque para estar bien con tu pareja, lo principal es estar bien tu, contigo misma, con tu nuevo cuerpo y tus nuevas funciones.

Tienes tanto amor que dar… que puedes pasarte seis meses o tres años sin dormir por la criatura nocturna que ha llegado a tu vida, porque puede ser un lirón o puede ser un búho. Tienes tanto amor que dar, que tu visión de la maternidad es maravillosa y tierna, pero no es momentánea, es de por vida, es un compromiso de respeto a una persona que llega a este mundo a través de ti, pero no tiene por qué ser igual que tu.

A veces te imaginas sus primeros días y la gozada que es disfrutarlos, pero te puede pasar que se te hayan abierto las muñecas al agarrarte a las barras del potro de parto y cogerle te duela (aunque te de igual), o que te hayan tenido que dar puntos hasta en la boca. Puede que tengas un postparto maravilloso (yo he vivido dos versiones de la misma historia) o uno realmente jodido que te haga estar en modo “never ever” o “nunca mais” por mucho tiempo.

Y si la fase crianza del bebé ha sido maravillosa… llega el momento “escolarizo o no”. Si escolarizas, prepárate para la adaptación, las moviditas con compañeros, el momento puerta del cole, profes… Y si no escolarizas y haces Homeschooling u otra alternativa, prepárate para las miradas raras y sentirte cuestionado casi a diario por los demás… y por tus dudas, que haberlas hailas.

Otro tema interesantón son los dos sentimientos que nacen con el bebé a parte del amor infinito por esa minipersona: La culpa y el miedo. La culpa y el miedo son dos sentimientos que interiorizamos los padres/las madres. Por no estar a la altura, por no poder/querer trabajar, por no poder/querer no trabajar, por el cole, sus problemas en él, por su socialización o no, por que le pase algo, por una otitis, bronquiolitis, una gripe, los dientes, la pubertad, adolescencia…en sus crisis, en su vida.

Y en todo este proceso de la vida de tu hijo, también piensas tener tiempo para ti, para tu pareja, para tus amigos, para tus hobbies… Porque hay gente que lo lleva genial y hay gente que no. Y hay personas que piensan que eso no les va a afectar a ellos y luego sí.

Y amiga mía, si tu deseo de tener un bebé se debe a que sientes que tienes un amor infinito dentro de ti al que necesitas dar salida… adopta una mascota. Un hijo va más allá del amor… mucho más allá. Que no sea un capricho o un “vamos a arreglar la pareja con un hijo”… porque un hijo no arregla nada, es una experiencia sentimental holística, radical, intensa, emocionante, maravillosa, acojonante y que te hace enfrentarte a tus sombras de una manera brutal y a la sociedad que conoces.

Si quieres tener un hijo, estás aceptando el desafío de una aventura muy dura, enriquecedora, agotadora y maravillosa, con sus desafíos y sus glorias y cada una de esas emociones es extrema, porque en esto del maternaje no existen las medias tintas en cuanto a emociones se refiere.

Si aún sabiendo que a lo que te enfrentas tienes muchas ganas de vivir esta parte de la historia, adelante, entonces busca saciar tu necesidad y bienvenida a este mundillo, a tus nuevos ojos, tu nueva piel, tu nueva mente, tus nuevas emociones, tus nuevos sentidos y percepciones, bienvenida a tu nueva tu.

Feliz día. Besetes 🙂

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