aprendiendo

Hoy vengo a quitarme la capa de súper heroína para dejar patente que es tremendamente jodido difícil deshacerse de los automáticos. Calvosepsi, que esta semana es papiparaelrastrojo, y yo estamos agotados. La contención que tienes que hacer para quitar automáticos, dejarlas hacer las cosas a ellas solas y acompañarlas en el llanto después de poner un límite es AGOTADOR. Serán 20-30 límites al día.

Para mi esto tiene un puntito de satisfacción porque hasta hace más bien poco la que leía y ponía en práctica era yo,  luego venía papichulo a joribiarme todo el trabajo. Hasta que que me negué a hacerle más resúmenes y me puse chunga, pero que mucho: Esto es agotador para mi, si vienes los fines de semana y rompes mi trabajo al final cojo la puerta… más por desesperación que por otra cosa.

No es que yo le haya metido nada en la cabeza, lo que yo quería era que él tuviese formación de primera mano, que viviese su proceso y eligiera su manera de hacer las cosas por iniciativa propia. Que hay veces que cuando eres madre, el compañero se vuelve un poco otro hijo. Y yo, por ahí no paso.

Total, después de tres formaciones y asistencia a varias charlas, conocer a otros papis que también encontraron otra manera de hacer las cosas, reírse mucho de haber pasado todos por ese “eso es cosa de hippies y perroflautas”, llegó a su propia conclusión.

Es algo muy bonito, pero es el principio de un proceso de desaprendizaje muy duro para alguien que ha tenido una educación muy bancaria (esto es que todo le ha llegado dado de fuera) y autoritaria. Ojo, que el autoritarismo no está exento de amor, siempre digo que un padre, del tipo que sea quiere a sus hijos por encima de todo y hace lo que cree mejor para ellos.

Así que nos plantamos en la primera semana después de la última formación y a las 21.30, botellín en mano, miramos al infinito reconociendo el agotamiento emocional tan brutal que tenemos los dos. Pero al final, al ver como evolucionan ellas, cómo van dejando de preguntar tanto y hacen más. Al ver crecer su confianza al hacer las cosas, cómo se abstraen en el juego y cómo se buscan la una a la otra tratándose de otra manera… Al ver (poco a poco) el resultado de un buen trabajo en equipo, nos sentimos bien por haber escogido este camino.

Eso sí, no oculto ni ocultaré nunca que mis ganas de soltar el cachete, la voz, las órdenes cortantes, el deseo de que cese un llanto… esas cosas siguen en mi cabeza, en nuestras cabezas empujando fuerte. Pero cuando aprendes a decir las cosas de otra manera, eliminas los “¡cuidado!”, los “un segundo”, cuando te acostumbras a agacharte cada vez que tienes que poner un límite, cada vez es una menos para llegar a nuestra meta.

Y nosotros andamos buscando la manera de encontrar nuestro sitio en todo este cambio, porque el cansancio está ahí y pasar del botellín al sueño profundo no mantiene una pareja. Pero en estas andamos, trabajando en equipo.

Por mi parte mi vía de escape sigue siendo el grupo y los ensayos. Nuestro primer concierto es el día 13, a ver qué tal sale. Y por parte de Papi son sus carreras y entrenos. Porque si algo es cierto es que el tiempo para ti es tan esencial como el comer y el dormir. Relajar y coger pilas para seguir aprendiendo a acompañar.

¡Feliz semana! 🙂 Besitos

Anuncios