panico escenico

Este último año parece que he tenido que enfrentar todos los miedos habidos y por haber. He trabajado de comercial con taconazos, he organizado eventos que han salido bien, he emprendido y me he sentido fracasada. He aprendido de ello. En este último año la he cagado tanto, tanto, que estoy en la puerta de los treinta con las cosas más claras que nunca.

En mi búsqueda de una vía de escape a mi rutina, hijas, marido, curros, los problemas diarios… Me encontré con que habíamos formado un grupo para versionear y que a día de hoy tiene temas propios. Temas a los que he puesto letra y otros que han salido íntegros de mi cabeza. Y que no tenían ninguna finalidad más que entretenernos a nosotras.

Acabé berreando en algunos de ellos. Pero esto era para nosotras y algunos visitantes esporádicos, sin pretensión de salir del local de ensayo. Hoy estoy a tres días de subir a un escenario por primera vez (pequeño y cutre, todo sea dicho) en un minifestival de locales que se organiza en mi ciudad. Estoy acojonada. Me da miedo quedarme en blanco, me da miedo que se desafine la guitarra, me da miedo hacer el ridículo… me acojona sobremanera cantar delante de la gente.

Es algo que me queda por hacer antes de cumplir los 30. Y en realidad pienso que no es tan importante todo eso a lo que tengo miedo. Que es absurdo dejar de jugar sólo por hacernos adultos. Porque el disfrutar con algo que haces, que sale de ti y que compartes con otras cinco personas es muy guay. Y si nosotras nos lo pasamos bien, alguien se lo pasará bien también, aunque sea echándose unas risas a costa de la zumbada esa que pega gritos en el escenario.

He decidido vencer mi pánico escénico, subir a jugar y no juzgarme, porque creo que es mucho más difícil hacer lo que hago cada día como madre, que subir a hacer el canelo delante de 100 personas. Así que si llueve el sábado por el centro de la península… ya sabéis quién es la culpable: La guitarra2 de Las Veroño y segunda vocal (el nombre del grupo está por perfilar, jajaja,  Doña Veroña ya quedó descartado).

Este fin de semana enfrento mi miedo a hacer el ridículo. Marido va a afrontar su miedo a las alturas en un finde de escalada. El juego libre es tan sano para los pitufos como para los adultos. Y vosotros ¿seguís jugando? ¿Qué hacéis con vuestros frenos?

Ánimo, ¡que ya estamos a mitad de semana! Besitos 🙂

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